Archivo de la categoría ‘Espiritualidad’

LOS CUATRO ACUERDOS – Sabiduría Tolteca.

Sé Impecable con tus Palabras

Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.
Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; si no te honras a ti mismo, no te amas.
Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.
Eres auténtico; y eso te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.

No te tomes nada personalmente.

Ni la peor ofensa.
Ni el peor desaire.
Ni la más grave herida.

En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo… Pero el problema es de él y no tuyo.

No hagas suposiciones

No des nada por supuesto.
Si tienes dudas, acláralas.
Si sospechas, pregunta.

Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que NO TIENEN FUNDAMENTO.

Haz siempre lo máximo que puedas.

Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada.

Según la tradición Tolteca, poniendo en práctica estos cuatro acuerdos “puedes lograr un maravilloso equilibrio en tu vida, siempre y cuando seas impecable con ello”.

¡Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomare nada personalmente, no hare supersticiones y hare lo máximo que pueda… la única razón por la que sufres, es porque eliges hacerlo!

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Las palabras y los hechos, la palabra como ayuda

Los sentimientos no se definen con palabras. Los sentimientos se definen con hechos. Las palabras aproximan la imagen, los hechos son la imagen.

No ofrezcamos nuestra ayuda, nuestra mano, si luego no vamos a poder cumplir. Si buscas ayuda no cruces un océano tras ella, porque quizás tengas esa ayuda al lado y no la veas. Puede que sea insignificante, pero si la cuidas y la cultivas, esa ayuda puede convertirse en el gran árbol bajo el que te cobijes.

Si cuando comes un fruto plantaras la semilla, después tendrías un árbol que te daría muchos más frutos. Pero la semilla se tira, se desprecia y luego pasamos hambre. Si la naturaleza crea la semilla es porque tiene intención de hacerla crecer, florecer y dar nuevos frutos. No tires tu semilla a la basura, porque semilla es la palabra, son los hechos, es la mano y también tu cuerpo. Busca el terreno apropiado, pon en él tu semilla, riégala, hazla florecer y donde plantaste una tendrás cien.

Hay frutos que están a ras de suelo, hay frutos enterrados, pero también los hay en los árboles y para cogerlos hay que extender la mano, ponernos de puntillas, saltar. Saltemos entonces y arrodillémonos las veces que sean necesarias para coger el fruto. Hundamos nuestras manos en la tierra, bajemos la frente, pero también levantemos los pies del suelo para coger el de arriba. Busca el fruto correcto, porque puede haber frutos envenenados. Si buscas setas coge la especie que sepas es comestible, no indiscriminadamente.

Si para alcanzar el fruto necesitas que tu hermano te ayude, pide esa ayuda, pero tienes que estar dispuesto, si te lo pide, a ayudarle en otra ocasión, para que él también tenga acceso al fruto. Ten en cuenta que aunque las nubes estén bajas no podrás hacer llover por mucho que intentes estrujarlas, porque las nubes son vapor de agua y se filtrarían entre los dedos.

Busca el fruto concreto. No busques cosas etéreas. Tú tienes un cuerpo que alimentar. Aliméntalo con cosas concretas y a tu espíritu con cosas concretas espirituales.

No ingieras por tu espíritu cosas que puedan ser venenosas. Analiza el alimento que tiene que recibir. Escucha, lee, aprende y que tu cuerpo no le haga perder ventaja al espíritu. No hagas como Esaú, que vendió su primogenitura por un simple plato de lentejas. Cuida tu cuerpo para que tu espíritu, la parte de Dios que tienes, esté cuidado. Pero también cuida tu espíritu para que el cuerpo también lo esté. Es una simbiosis con la que tienes que vivir. No descuides ninguno de los dos aspectos de tu ser. No puedes vivir sin uno de los dos. El material es individual, el espíritu es común, es como los dedos de la mano; unos son más largos que otros, pero todos cumplen su función, todos son dedos, todos conforman la mano. Tú puedes ser cualquier dedo, pero ten en cuenta que hay más, unos más cortos, otros más largos, pero todos igual de importantes, unidos a la palma, unidos a la cavidad que les hace útiles.

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El Yo Interno, el Espíritu… Lo real y lo subjetivo. Los logros materiales y espirituales. La fuerza del Espíritu.

Sólo pasa hambre el que no sabe que tiene dos manos.

Para segar no utilices un martillo. Para andar por un camino no utilices una barca, la barca es para andar caminos en el mar. Para andar caminos en la tierra usa tus pies o usa un vehículo acondicionado a la tierra. Si tu camino está en el espacio no puedes utilizar vehículos de mar ni de tierra, deben estar preparados para volar. A cada medio, su vehículo.

Si alimentas tu cuerpo para que te sirva, debes alimentar tu espíritu para que también te sirva. Un espíritu poco alimentado es un espíritu débil, sin fuerza. Un espíritu bien alimentado es un espíritu que genera un tipo especial de energía. Es una energía que se contagia, que anima, porque animar es utilizar el ánima o dar vida al ánima.

No confundas realismo con subjetivismo. Realismo es que andas, que pisas las piedras del camino, que vives, que comes, que te alimentas, que amas, que todos los seres de la Tierra, que albergan un espíritu evolucionado, sienten y hacen las mismas cosas. Subjetivismo es creer que todo está hecho para y por lo que estimamos nuestro; enfocar todo bajo nuestra limitada manera de pensar.

No somos los más inteligentes, los más sabios. Por tanto, no podemos dar nuestra opinión como única y verdadera. Todos tienen algo que decir, todas las opiniones son válidas. El conjunto de todas las opiniones subjetivas dan como resultado una opinión objetiva. No debemos imponer nuestra verdad, porque es “nuestra verdad”, no La Verdad. La Verdad es el conjunto de todas las verdades.

Si tienes un rasguño en tu mano, no te avergüences de enseñar tu mano, porque es un rasguño que ha ocurrido por utilizarla. El que guarda su mano está debilitandola. El rasguño sanará. Una mano atrofiada sólo funcionará cuando se cambie. De todas formas, cuida el rasguño, que no se infecte, que no se agrande la herida para no perder la mano. Al contrario, debes cuidarlo, atender ese rasguño y desaparecerá y tendrás nuevamente una mano útil. No culpes a los demás de ese rasguño, ha sido producido por utilizar la mano.

En principio, al rasguño le aplicamos alcohol. Escuece, pero impedirá que la herida se infecte. Después, los consejos de las personas autorizadas en medicina, podrán indicarte el tratamiento a seguir para curarlo. Cualquier otra opinión no autorizada puede llevarte a perder la mano.

Cuida bien todas aquellas cosas que afecten a tu evolución espiritual.

Cuando estés en lo alto y mires abajo verás que hay mucha gente a un nivel muy inferior al que ocupas en ese momento, pero lo mismo que las naves despegan y aterrizan, los logros materiales se elevan y se estrellan porque son perecederos, porque duran tiempo limitado, porque solamente sirven para alimentar el cuerpo y la parte externa y más baja de la personalidad, el egoísmo. El egoísmo y todos sus derivados: la egolatría, el egocentrismo, todo lo dirigido a la valoración del ego, del yo externo, del yo mortal, del yo que desaparece. Lo importante es dirigir nuestros esfuerzos al YO, al YO con mayúsculas, al YO interno, al YO del que descendemos todos, porque esa es la moneda que nos ha dado Dios.

Si al andar el camino vamos mirándonos los pies, no veremos el barranco o la valla, o las ramas bajas, y nos golpearemos, caeremos. Mira al frente, erguido. Si confías en ti, si sabes que dentro tienes el YO supremo, el Profundo, la Esencia, el Amor, podrán atacarte las fieras, podrán las zancadillas hacerte caer, pero siempre te levantarás en la misma postura, erguido, porque habrán hecho caer tu cuerpo, tu yo externo, pero el Profundo, la parte que llevas de Dios, no podrán doblegarlo porque es inmutable.

No te dirijas a los demás sin haber limpiado tu espíritu. No hables mediatizado, con miedo, porque las palabras se volverán contra ti. Si tienes miedo, no hables, porque es contagioso. Habla mirando a los ojos. Transmite tu fuerza por tu mirada. Di a otro que le amas, con los ojos, sin rencor, sabiendo que las palabras se transmiten por la expresión de los ojos.

Cuando ames a tu hermano, tus manos serán cálidas, reconfortantes. Si esperas que los demás hagan lo que tú puedes hacer, estás atrofiando tus manos, te estás auto limitando, estás enterrando la moneda que te ha dado Dios. No malgastemos la moneda, no la enterremos, no hagamos hacer a los demás lo que seamos capaces de hacer nosotros mismos. Lo que puede hacer un hombre lo puede hacer otro, más tarde o más temprano. Si existe verdadera voluntad de hacerlo, lo hará.

Busca dentro de ti la luz que necesites y jamás existirá para ti lo imposible.

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Lo material y lo espiritual. Poder o sabiduría, la fuerza de la palabra.

La Tierra se mueve gracias a aquellos que no han puesto su mente al servicio del poderoso. Estos hombres son los que con su forma de pensar, sus descubrimientos, independientes, en pequeños sitios, son los que han conseguido que la humanidad avance.

Los poderosos, los que sólo buscan lo material, hacen que la Tierra sea más espesa, más compacta, más materia y más lenta. No podemos limitar nuestra mente a los caprichos del poderoso. Sólo podremos ser libres si lo que genere nuestro espíritu va encaminado al bien común, porque el poderoso es muy limitado; se queda aquí, en la Tierra, con los pies bien metidos dentro de ella. Extrae su oro, su hierro, su cobre y con ellos hace joyas y armas.

El sabio no tiene los pies dentro de la tierra, sino que se ha marchado a buscar su conocimiento, liberando su espíritu y su mente. Busca dentro de él en lugar de buscar dentro de la tierra, y los resultados son que el nivel tecnológico y el nivel cultural son más y más altos cada día.

Si el mundo estuviese dominado por sabios sería negativo porque el mundo no puede estar dominado. Si se domina, se sujeta; si se sujeta, se frena. En todo caso, el mundo debería estar dirigido por los más sabios y serán sabios en la medida que sean humildes, generosos y altruistas; en la medida que busquen dentro de ellos para enseñar a los demás a buscar dentro de ellos también.

Si vas por un camino no busques referencias en una nube, porque la nube se transforma, desaparece, surge más allá. El camino debe ser andado con un objetivo fijo y debes evolucionar en ese objetivo, no en las nubes que cambian y se transforman.

Los hombres que han modificado la Tierra en su aspecto cultural han sido aquellos que escuchaban, aprendían, asimilaban y tomaban decisiones encaminadas al bien común. Desoían aquellas palabras que les llevaban a materializarse. Cuando descubrían algo nuevo para el progreso de la humanidad, no lo hacían con afán de lucro, pero el poderoso lo utilizaba para lucrarse.

En la Tierra ha habido muchos hombres que han muerto pobres después de haberla hecho salir de cientos de años de atraso, pero su premio lo tienen fuera, porque la humanidad no es sólo la Tierra, y fuera de ella han encontrado su premio, el premio a su esfuerzo, a su generosidad.

No importa que los pasos sean largos o cortos, lo importante es que sean pasos. Y si pones tu mano esperando recibir, pon dentro de esa mano algo que entregar aunque sea inmaterial, aunque sólo sea un “gracias”. Pon algo.

Si tienes que atarte a algo, átate a ti mismo. No culpes a los demás de tus propios errores. Sé tu propio juez, pero sé un juez justo. Si andas por un bosque, ten cuidado porque habrá ramas bajas y puedes golpearte contra ellas. No es necesario que se corten, simplemente agáchate un poco para volver a erguirte inmediatamente.

No pronuncies nunca la palabra imposible, porque todo es posible dentro de ti. Si después lo transmites fuera, podrás hacer realidad todo lo que alcancen tus palabras. Tu palabra puede ser tan poderosa que cambie por completo una estructura mental. Puede hacer viejo a un joven, puede hacer joven a un viejo. Tu palabra es la proyección de tu mente. Si tu mente es limpia, tu palabra será limpia y sonora. Si tu mente es sucia tu palabra también lo será, ensuciando donde llegue. Tu palabra debe ser limpia y sonar como trompeta, vibrante, llamando al orden y a la acción a los espíritus pasivos. No le pongas sordina; que suene como es, no tengas miedo.

Tu palabra es la voz de tu pensamiento y tu pensamiento es lo que ha generado tu mente. No lo mates con las experiencias negativas, busca las positivas y almacénalas; ellas te darán la palabra sonora, la palabra vibrante. No te dejes impresionar por los acordes del trombón: es sonoro, es fuerte, parece poderoso, parece que dentro de su boca va a caber tu cuerpo, pero tiene una boca muy grande y un estómago muy estrecho. No te preocupes, no te va a comer. Y puestos a sonar, la voz de la trompeta llega mucho más lejos que la del trombón.

Tampoco hagas alarde de ella, sé mesurado en tus palabras. Pero si eres mesurado, sé claro, no turbio y cobarde. Sé también concreto y seguro. Seguro porque la palabra es el reflejo de tus pensamientos. Pon en orden tus pensamientos y si eres suficientemente hábil para que tu voz llegue a tu prójimo, él vibrará en la misma frecuencia que vibras tú.

Tú puedes conseguir lo que quieras si va dirigido positivamente. Si, por el contrario, va dirigido negativamente, poco a poco te irás hundiendo. Conseguirás logros parciales, inmediatos, pero te estarás hundiendo. Si vas positivamente, quizás los logros sean un poco más a largo plazo, pero te estarás elevando.

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Prepararse Para lo Bueno (2)

Por lo dicho antes, prepararse para lo bueno no es algo parecido a prepararse para ver una película, con una actitud meramente pasiva, como quien se sienta a esperar qué le sirvan en bandeja cualquier cosa, sin que él tenga nada que hacer.
No es así con respecto a lo que quería decir con prepararse para lo bueno.

Si vas en un avión y te dicen “prepárate para un aterrizaje forzoso”, tú extraes la tarjeta con las instrucciones de emergencia (si es que hay una) y comienza a ponerlas en práctica. Guarda todos los objetos sueltos, te sacas las gafas, etc. Es decir, comienzas a actuar de inmediato.
De la misma forma, prepararse para lo bueno no significa sentarse a esperar que lo bueno llegue, sino a poner en práctica lo necesario para que llegue; acción inmediata, coherencia, lógica, sentido común.

Un mundo mejor no puede construirse desde aquella parte nuestra (sí, suya también, aunque no quiera verla) que ha creado todas las guerras y que ahora destruye el equilibrio ecológico planetario.

Un mundo mejor sólo puede ser el producto de un ser humano mejor, y el ser humano no puede ser mejor sin hacer ESFUERZOS tendientes a superar, en sí mismo en primer lugar, aquella fuerza negativa que crea las guerras y los desastres ecológicos.

Y no es cosa de decir “estoy de acuerdo”, y nada más, sino de prepararse para lo bueno, acción inmediata, coherente, consecuente; esfuerzos.

El gran problema es que la necesidad de preparación, de trabajo interior, de cambio interno, es muy fácil de detectar en los demás, y tremendamente difícil en sí mismo; igual que sucede con la paja en el ojo ajeno.

“El mundo está mal porque nadie hace nada”.

Lo que falta es que TU comiences a hacer algo, a prepararte para hacer posible lo bueno, y TU mundo, tu mundo personal, cambiará para mejor. De eso puede estar muy seguro.

Y por añadidura, la salud del mundo recibirá un pequeño refuerzo gracias a tus esfuerzos.

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