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Prepararse para lo Bueno
Preparar la mente, la energía interior, para que en la vida nos ocurra lo bueno, lo maravilloso, es mucho más difícil que prepararla para lo malo.
Somos profesionales en lo segundo, y legos en lo primero.
Y debido a que el Universo nos devuelve lo que le lanzamos, tan poca maravilla hay en tantas vidas, y tanta calamidad en tantas otras.
¿Es del Universo la culpa?
Continuará…
La energía del amor. Las experiencias no son transmisibles. Sólo hay amor si se manifiesta.
Las experiencias, situaciones y circunstancias que cada uno vivimos desde que nacemos, son las que dan forma a la personalidad que manifestamos. Cada uno vive la historia desde un punto de vista personal, por tanto subjetivo. Las normas de conducta que dicta la sociedad, que dictan las religiones, que dictan las leyes, son reglas generales que, tratando de unir un sentimiento general, nos obligan a renunciar, en muchas ocasiones, a nuestros propios conceptos, para acercarnos a esa media grupal que conforma la sociedad en la que estamos inmersos.
No podemos pretender que nuestros procesos mentales, conformados por las experiencias vividas, sean traspasables a otras personas. Un síntoma de evolución es saber entender por qué el otro actúa de una manera y no de otra, más cercana quizás a nuestra forma de pensar.
La base de la comprensión es el amor. Si te guía el interés intentarás comprender; si te guía el amor no sólo intentarás comprender sino también aceptar. No siempre que se comprende se acepta, ni siempre que se acepta ha sido comprendiendo. Cuando ambos conceptos no están unidos es que falta amor.
Las sociedades y empresas en las que nos empeñamos tienen muchas veces, casi siempre, el objetivo económico, el objetivo de desarrollo profesional o el objetivo de ver cumplido un deseo que, a veces, es simplemente un deseo de mejorar la propia imagen de cara a los demás.
La relación de personas por amor lleva implícito el renunciar a aquello que te separa para acercarte a lo que te une y, en la medida que los dos intenten comprender y aceptar las cosas que les separan, se puede llegar a la unión total mediante el conocimiento, la comprensión y la aceptación. Son muchas las cosas que separan a las personas, pero también hay muchas cosas que las unen.
El elemento vital que mantiene la vida física es la sangre y ésta es posible trasvasarla de unos a otros. Aún así, existen incompatibilidades que, a veces, no lo hacen posible. Quizás sea este elemento, el elemento vital, el que más fácilmente se puede trasvasar de un ser humano a otro. El resto de su organismo será rechazado y tendrá que ser forzado con elementos químicos para su aceptación, que en este caso es la imposición.
De la misma manera, si queremos que acepten nuestras ideas, imponiéndolas, tendremos que utilizar elementos ajenos, elementos no naturales para que esto ocurra y el rechazo puede surgir en cualquier momento. El rechazo, la separación y la muerte de la relación. Solamente tratando de comprender es como se puede llegar a un conocimiento de las razones por las que el otro se mueve.
A veces la forma en que hemos sido educados, las circunstancias que hemos vivido, las experiencias negativas o positivas o, simplemente, aquellas circunstancias que no hemos sabido asimilar, hace que nuestra respuesta a las demandas ajenas no sea completa, no sea real o no sea clara; pero si queremos saber lo que hay de verdad, no nos quedará más remedio que acercarnos con amor, porque es la única energía que rompe las barreras, la que puede con todas las demás y la que, como energía superior, lleva incorporada en sí misma todo lo que es razonamiento del consciente, regulación vital del inconsciente y mente profunda del subconsciente.
Así pues, a veces puede parecer que cuando se ama no se razona y es que cuando se intenta poner el razonamiento por delante del amor, o al mismo nivel que éste, estamos reduciendo su energía.
Amor es aceptación, puesta en marcha de todos los mecanismos físicos, astrales y mentales conjuntamente, al unísono, para que todo sea un TODO, para que cada parte sea parte de ese todo y no se distinga del resto.
A veces no somos comprendidos. Los egoísmos y la soberbia hacen que se separen de nosotros aquellos a quienes queremos. Deberíamos entonces reflexionar sobre qué estamos haciendo nosotros para que ese amor que sentimos no se transmita fielmente a quien queremos. ¿Será quizás que pensamos que sólo sintiendo amor es ya suficiente?
El amor, el amor humano, el amor entre personas con circunstancias, personalidades y experiencias distintas, tiene que ser un amor adaptable, un amor que la mayor parte de las veces tiene que efectuar su entrega a través de procesos mentales complicados.
La energía que pongamos en ello nos llevará a ser aceptados y a aceptar. No nos limitemos a sentir, pongamos en práctica la aplicación del sentimiento a través de los mecanismos que el Cosmos nos ha dado: nuestra mente, nuestra energía astral y nuestro cuerpo físico, dejando paso a los elementos de mayor vibración cuando veamos que las de menor vibración no llegan, y al contrario. A veces, una caricia puede más que una mirada y una palabra más que una sonrisa, y a veces también es justo al contrario.
La habilidad, el deseo de sintonizar emocionalmente con los otros, nos hará estar muy pendientes, muy conscientes, de cuáles son las claves de acceso afectivo al otro y eso produce sintonía y un efecto recíproco, con lo cual la armonía se duplica, se completa, se cierra un círculo y se mantiene una energía, entre dos, capaz de generar energía de cuatro, de ocho y de más.
Dejemos fluir nuestras energías, armonicémonos para poder dirigir todo lo que está englobado en el amor hacia cuantos nos rodean y en especial hacia aquellos con los que estamos más vinculados, porque ellos están ahí no por casualidad, sino porque son, justamente, las personas que hemos elegido y que nos han elegido para la mutua evolución.






