Entradas con la etiqueta ‘materiales’
Las palabras y los hechos, la palabra como ayuda
Los sentimientos no se definen con palabras. Los sentimientos se definen con hechos. Las palabras aproximan la imagen, los hechos son la imagen.
No ofrezcamos nuestra ayuda, nuestra mano, si luego no vamos a poder cumplir. Si buscas ayuda no cruces un océano tras ella, porque quizás tengas esa ayuda al lado y no la veas. Puede que sea insignificante, pero si la cuidas y la cultivas, esa ayuda puede convertirse en el gran árbol bajo el que te cobijes.
Si cuando comes un fruto plantaras la semilla, después tendrías un árbol que te daría muchos más frutos. Pero la semilla se tira, se desprecia y luego pasamos hambre. Si la naturaleza crea la semilla es porque tiene intención de hacerla crecer, florecer y dar nuevos frutos. No tires tu semilla a la basura, porque semilla es la palabra, son los hechos, es la mano y también tu cuerpo. Busca el terreno apropiado, pon en él tu semilla, riégala, hazla florecer y donde plantaste una tendrás cien.
Hay frutos que están a ras de suelo, hay frutos enterrados, pero también los hay en los árboles y para cogerlos hay que extender la mano, ponernos de puntillas, saltar. Saltemos entonces y arrodillémonos las veces que sean necesarias para coger el fruto. Hundamos nuestras manos en la tierra, bajemos la frente, pero también levantemos los pies del suelo para coger el de arriba. Busca el fruto correcto, porque puede haber frutos envenenados. Si buscas setas coge la especie que sepas es comestible, no indiscriminadamente.
Si para alcanzar el fruto necesitas que tu hermano te ayude, pide esa ayuda, pero tienes que estar dispuesto, si te lo pide, a ayudarle en otra ocasión, para que él también tenga acceso al fruto. Ten en cuenta que aunque las nubes estén bajas no podrás hacer llover por mucho que intentes estrujarlas, porque las nubes son vapor de agua y se filtrarían entre los dedos.
Busca el fruto concreto. No busques cosas etéreas. Tú tienes un cuerpo que alimentar. Aliméntalo con cosas concretas y a tu espíritu con cosas concretas espirituales.
No ingieras por tu espíritu cosas que puedan ser venenosas. Analiza el alimento que tiene que recibir. Escucha, lee, aprende y que tu cuerpo no le haga perder ventaja al espíritu. No hagas como Esaú, que vendió su primogenitura por un simple plato de lentejas. Cuida tu cuerpo para que tu espíritu, la parte de Dios que tienes, esté cuidado. Pero también cuida tu espíritu para que el cuerpo también lo esté. Es una simbiosis con la que tienes que vivir. No descuides ninguno de los dos aspectos de tu ser. No puedes vivir sin uno de los dos. El material es individual, el espíritu es común, es como los dedos de la mano; unos son más largos que otros, pero todos cumplen su función, todos son dedos, todos conforman la mano. Tú puedes ser cualquier dedo, pero ten en cuenta que hay más, unos más cortos, otros más largos, pero todos igual de importantes, unidos a la palma, unidos a la cavidad que les hace útiles.
El Yo Interno, el Espíritu… Lo real y lo subjetivo. Los logros materiales y espirituales. La fuerza del Espíritu.
Sólo pasa hambre el que no sabe que tiene dos manos.
Para segar no utilices un martillo. Para andar por un camino no utilices una barca, la barca es para andar caminos en el mar. Para andar caminos en la tierra usa tus pies o usa un vehículo acondicionado a la tierra. Si tu camino está en el espacio no puedes utilizar vehículos de mar ni de tierra, deben estar preparados para volar. A cada medio, su vehículo.
Si alimentas tu cuerpo para que te sirva, debes alimentar tu espíritu para que también te sirva. Un espíritu poco alimentado es un espíritu débil, sin fuerza. Un espíritu bien alimentado es un espíritu que genera un tipo especial de energía. Es una energía que se contagia, que anima, porque animar es utilizar el ánima o dar vida al ánima.
No confundas realismo con subjetivismo. Realismo es que andas, que pisas las piedras del camino, que vives, que comes, que te alimentas, que amas, que todos los seres de la Tierra, que albergan un espíritu evolucionado, sienten y hacen las mismas cosas. Subjetivismo es creer que todo está hecho para y por lo que estimamos nuestro; enfocar todo bajo nuestra limitada manera de pensar.
No somos los más inteligentes, los más sabios. Por tanto, no podemos dar nuestra opinión como única y verdadera. Todos tienen algo que decir, todas las opiniones son válidas. El conjunto de todas las opiniones subjetivas dan como resultado una opinión objetiva. No debemos imponer nuestra verdad, porque es “nuestra verdad”, no La Verdad. La Verdad es el conjunto de todas las verdades.
Si tienes un rasguño en tu mano, no te avergüences de enseñar tu mano, porque es un rasguño que ha ocurrido por utilizarla. El que guarda su mano está debilitandola. El rasguño sanará. Una mano atrofiada sólo funcionará cuando se cambie. De todas formas, cuida el rasguño, que no se infecte, que no se agrande la herida para no perder la mano. Al contrario, debes cuidarlo, atender ese rasguño y desaparecerá y tendrás nuevamente una mano útil. No culpes a los demás de ese rasguño, ha sido producido por utilizar la mano.
En principio, al rasguño le aplicamos alcohol. Escuece, pero impedirá que la herida se infecte. Después, los consejos de las personas autorizadas en medicina, podrán indicarte el tratamiento a seguir para curarlo. Cualquier otra opinión no autorizada puede llevarte a perder la mano.
Cuida bien todas aquellas cosas que afecten a tu evolución espiritual.
Cuando estés en lo alto y mires abajo verás que hay mucha gente a un nivel muy inferior al que ocupas en ese momento, pero lo mismo que las naves despegan y aterrizan, los logros materiales se elevan y se estrellan porque son perecederos, porque duran tiempo limitado, porque solamente sirven para alimentar el cuerpo y la parte externa y más baja de la personalidad, el egoísmo. El egoísmo y todos sus derivados: la egolatría, el egocentrismo, todo lo dirigido a la valoración del ego, del yo externo, del yo mortal, del yo que desaparece. Lo importante es dirigir nuestros esfuerzos al YO, al YO con mayúsculas, al YO interno, al YO del que descendemos todos, porque esa es la moneda que nos ha dado Dios.
Si al andar el camino vamos mirándonos los pies, no veremos el barranco o la valla, o las ramas bajas, y nos golpearemos, caeremos. Mira al frente, erguido. Si confías en ti, si sabes que dentro tienes el YO supremo, el Profundo, la Esencia, el Amor, podrán atacarte las fieras, podrán las zancadillas hacerte caer, pero siempre te levantarás en la misma postura, erguido, porque habrán hecho caer tu cuerpo, tu yo externo, pero el Profundo, la parte que llevas de Dios, no podrán doblegarlo porque es inmutable.
No te dirijas a los demás sin haber limpiado tu espíritu. No hables mediatizado, con miedo, porque las palabras se volverán contra ti. Si tienes miedo, no hables, porque es contagioso. Habla mirando a los ojos. Transmite tu fuerza por tu mirada. Di a otro que le amas, con los ojos, sin rencor, sabiendo que las palabras se transmiten por la expresión de los ojos.
Cuando ames a tu hermano, tus manos serán cálidas, reconfortantes. Si esperas que los demás hagan lo que tú puedes hacer, estás atrofiando tus manos, te estás auto limitando, estás enterrando la moneda que te ha dado Dios. No malgastemos la moneda, no la enterremos, no hagamos hacer a los demás lo que seamos capaces de hacer nosotros mismos. Lo que puede hacer un hombre lo puede hacer otro, más tarde o más temprano. Si existe verdadera voluntad de hacerlo, lo hará.
Busca dentro de ti la luz que necesites y jamás existirá para ti lo imposible.






